lunes, 4 de mayo de 2026

El ruido que no nos deja ver lo esencial

Hoy corremos el riesgo de quedar atrapados en la superficie: la información que nos llega es mucha, llamativa e invasiva. Se pretende hacer pasar el titular por la verdadera realidad de las cosas. La mente, bombardeada por estos inacabables estímulos, crea un caparazón que la proteja del torrente. Esa coraza le sirve para conservar su pequeño núcleo de seguridades, pero nada más. Muchas personas se ven privadas de experimentar el verdadero sentido de la vida; la pluriformidad del entorno les hace creer que no existe nada verdadero o bueno en sí, sino que todo es apariencia demoledora. 

Esta época es un tiempo de griterío y de fachadas, de personas inconexas que se cruzan unas con otras en un plano horizontal de competitividad. A la gente sencilla no le da tiempo a formarse una convicción sobre el mundo: la marea acelerada de la afectividad virtual se encarga de ello. La corriente trata de hacer pasar el frenesí y la inquietud como formas de vida normales, como si lo normal no fuera estar bien. Esas pequeñas cáscaras en las que nos habíamos cobijado empiezan entonces a resquebrajarse: el ambiente nos había imbuido a introducirnos en marcos que nos quedan cortos. 

Se vende una felicidad material que, en el fondo, solo abriga una angustia o inquietud espiritual que acaba estallando en forma de trastornos psíquicos y desparrames de vida. El desasosiego anímico que se desborda continuamente se ha convertido en una constante de vida. Las personas se mueven de un lugar a otro con la lengua fuera, buscando un algo que puede saciarlas. 

Inmersas en esa avalancha, han perdido la diacronía necesaria para comprender que lo que buscan está ya sembrado en su interior. Buscan su ser, pero el ruido no les deja percibir su murmullo. Gastan su vida en falsas promesas y, cuando acabe este peregrinaje, se preguntarán: ¿Cómo es que he desatendido lo más importante? ¿En qué momento me abandoné del todo? Te buscaba y tú ya estabas conmigo, silencioso, esperando a que te reconociera. 

Todo lo que anhelamos está ya injertado en la tierra de nuestro corazón, esperando a que, con amor, volvamos a cultivarlo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Una aproximación a la unidad del sentido

El hombre recibe una inconmensurable multiplicidad de datos a través de la experiencia. La cantidad es tan elevada que, inevitablemente, se ...