martes, 10 de marzo de 2026

Ni tiempo, ni filosofía...ni tampoco vida

 ¿Qué papel juega la filosofía en nuestros días? La pregunta es sumamente delicada. La filosofía es una rama del saber que se asienta en un tipo de pensamiento que en la actualidad se halla en vías de extinción. La filosofía es teorización de la intimidad humana y de su experiencia del mundo. La filosofía trata de captar mediante conceptos una realidad que nunca acaba de mostrarse del todo. Podríamos hablar de que trata de apresar lo indisponible del ser. La filosofía es ponerse en camino hacia la verdad, dejando que ella nos lleve hasta su manifestación más plena. 

Hoy la indisponibilidad es una cuestión menor. Podemos acceder a todos los contenidos con un simple click. La resistencia que tradicionalmente ofrecía la realidad ha sido superada por la transparencia absoluta de lo virtual. Pantallas y pensamiento fluyen en una corriente que no encuentra obstáculos. En este escenario el objeto filosófico se ha vuelto irrisorio. Nuestra espacialidad vital es omniabarcadora, ¿de qué sirve entonces pensar? 


El punto ciego de esta visión es la falta de perspectiva. Parte de una mirada sobre la vida basada en criterios espaciales de presencia corporal que olvidan el devenir imparable del tiempo. La segmentación temporal es hoy una dinámica espiritual. Todo se parte, y se mide la calidad existencial a partir de la cantidad de presentes intensos que vivimos. El concepto histórico de la vida ha caído en bancarrota. Se persigue el instante como valor absoluto de realización. La memoria se ha convertido en un vertedero y el futuro en un escenario incómodo que solo sirve para proyectar un mayor número de intensidades. 


La naturaleza del pensamiento filosófico es histórica. Hablamos de un proceso de actualización de lo real que solo es posible desde la progresiva interconexión de las informaciones dispersas que se nos presentan. La filosofía se construye sobre la estructura de la vida. Tiene en cuenta lo vivido y se interroga por lo venidero. Sin descartar nada está dispuesta a sacar todas las consecuencias de sus experiencias. Sabe que sin esa fidelidad a la verdad descubierta no puede avanzar nada. 


La filosofía no casa con el modo actual de vida. Por su misma disposición resulta incompatible con la interrupción vital que hoy nos sacude. Pero es por eso mismo es tan necesaria: la filosofía se postula como una reivindicación de la auténtica trama vital. La filosofía nos tiene que ayudar a redescubrir la simbiosis natural de nuestra existencia, sus ritmos y exigencias… La filosofía hoy tiene que actuar como memoria de la humanidad. Memoria e indagación de las formas perennes, originarias e indeclinables que mecen toda vida. En el fondo, tiene que hacer lo que ha hecho siempre: tratar de poner por palabras el misterio que traspasa nuestras vidas. 


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