¿No sentimos entonces un punzante aguijón que parece recordarnos que estamos rebajando una parte de nuestro ser cuya grandeza no acabamos de comprender? Lo que más duele al hombre es reconocer que ha perdido su corazón, que ha depositado su amor en un objeto cuya valor no estaba a la par. Hoy más que nunca necesitamos sustraernos de la dinámica social que nos arrastra, y volver a preguntarnos: ¿qué es lo que de verdad desea mi corazón? Correr de un lado a otro pegándose a las cosas no nos dará la respuesta, hace falta volver a inquirir con valentía al anhelo que aventa todas nuestras determinaciones.
miércoles, 29 de abril de 2026
Discernir los anhelos
Todas las acciones pasan. No hay concreción fáctica que resulte de una decisión y actuación personal que no acabe perdiéndose en la marea del tiempo. El pensamiento que asocie el fin del hombre con el resultado causado por sus acciones estará estableciendo una peligrosa relación: la de situar su dignidad a la altura de la contingencia. En esa inercia social navegamos hoy. El ambiente nos induce a pensar que nuestra meta como personas se juega en el plano de lo eventual. Se intenta vincular la plenitud humana con la satisfacción empírica de un estado de hechos considerado, generando su irreconciliable articulación mucha frustración.
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