lunes, 27 de abril de 2026

Del Ser al ente

Todo lo que es "es". El ser es lo más básico y palmario de toda realidad. No hay ente que no sea. Ya no hablo de pensamientos, pues todo pensar sería inviable sin antes haber aprehendido antes entes que "son". Diremos entonces que el ser es el fundamento de toda construcción ulterior sobre los entes. 

Ahora bien, el ser no se nos ofrece al desnudo. No podríamos concebir el ser sin antes verificarlo en los entes. La palabra "ente" aquí la entiendo como "aquello que tiene ser".  Nuestro pensamiento del ser está condicionado a la figura de lo ente. Es inevitable que el pensar humano esté sometido a esa estructura de aprehensión de la realidad. El límite del discurrir racional está marcado por la frontera impuesta por lo ente. 

Toda reflexión sobre el puro ser no tiene cabida en el ámbito de lo humano. Precisamente que las cosas "sean" es el principal recuerdo de nuestra finitud e intrínseca limitación a la hora de comprender la realidad. Vemos lo que las cosas sean, pero el hecho de que "sean" no podemos explicarlo desde nuestras meras facultades. La constante profundización en el carácter siempre inacabado de lo ente nos da muchas pistas acerca de la verdadera fisonomía del ser. Ahora bien, el ser en sí mismo no puede ser apreciado inteligiblemente. 

Vemos que hay un Ser que sostiene todas las cosas. Pero qué sea ese Ser permanece siendo un misterio. Tenemos que asumirlo y preguntar sin miedo a los entes por lo que en el fondo sea, pues no existe otro método o manera de acercarse a investigarlo. Pensamos las cosas porque nos hablan del "Ser". ¿No sería entonces conveniente acercarse a los entes cuya significación del Ser es más profunda? 

¿Podría darse el hecho de que el Ser se hubiera hecho ente para que pudiéramos conocerlo sin naufragar en el limbo de lo inefable? Si no fuera así, entonces sí estaríamos encerrados en el cerrajón de lo ente sin explicación causal que lo justificase. La pregunta está allí, si Dios existiese la única manera de llegar a comprender su fisonomía es que se hubiese dado a conocer de una manera que el entendimiento de los hombres fuera capaz de asimilar. ¿No es Cristo precisamente la encarnación de todos los objetos de nuestra búsqueda metafísica? En Él encontramos al Dios escondido hecho presente ante los hombres. Tal es su presencia que se nos ofrece en la forma del pan de cada día. En Jesús la filosofía está llamada a dar el siguiente paso y hacerse vida. 

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