sábado, 25 de abril de 2026

La esencia del cristianismo

 Hasta ahora lo he estado enfocando mal Señor. Inconscientemente trataba de desentrañar el mensaje de tu predicación desde mi mismo. Pero eso no es posible, solo tu espíritu es capaz de comprenderse a sí mismo. Aquí no hay esfuerzos que valgan. O se tiene tu espíritu, o no se entiende absolutamente nada. Para entender desde ti antes hace falta renunciar a cualquier comprensión meramente humana, hay que permitir que sea tu luz la que nos guíe. Al amor perfecto no se entra con sucedáneos de cosecha propia. La vida en la verdad exige la humildad como actitud esencial. Lo propio del cristianismo en su raíz más original es que su revelación prescinde de todo componente humano. Su valor reside precisamente en la capacidad que tiene de librar al hombre de sí mismo. Lo que comunica la Iglesia rebasa su propia capacidad. Aquello de lo que son portadores los cristianos desborda toda facultad humana. El cristiano lleva oro puro en vasijas de barro. 


El cristiano vive de Jesucristo porque esa es la esencia del cristianismo. Él es el principio, el relato entero y el final. En Jesús se concentra todo el mensaje cristiano. Fuera de Él todo acaba diluyéndose en mentiras. Por eso la pregunta más fundamental que el creyente debería formularse es: ¿está el Señor conmigo?, ¿estoy haciendo espacio en mi vida para que el Señor se haga presente? 

¿Qué cristianismo practicamos si no buscamos sin cesar la presencia del Señor?  


Ahora bien, volvamos a la perspectiva de quien contempla el fenómeno cristiano desde fuera. ¿Cómo puede una persona llegar a abarcarlo todo? ¿No es acaso la mayor de las paradojas afirmar que todo hombre está llamado a vivir desde uno solo? No es extraño el hecho de que a muchas personas el mensaje predicado por la Iglesia les resulte sospechoso y coartador. Un juicio rápido sería suficiente para considerar su contenido como algo restrictivo para el desarrollo de la persona. Pero eso se debe a que no estamos viendo a Cristo, sino sólo el ropaje externo que envuelve su mensaje. Para comprender la verdadera esencia del cristianismo uno tiene que conocer al propio Cristo. Nadie puede asumir verdaderamente el contenido del evangelio sin haber tenido un encuentro íntimo con Aquél que constituye su esencia. 


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