La intuición platónica sobre las ideas tiene una base ontológica muy fuerte. El factor inteligible es la base que sostiene la manifestación de las distintas apariciones de una cosa, el fundamento mismo de la realidad. La inteligibilidad de lo real es lo que nos permite aprehender las distintas manifestaciones y los aspectos que nos presentan la experiencia. Sin ese hilo conductor de la idea, las cosas estarían sujetas y circunscritas al capricho aparente del instante. Sin una esencia ontológica, las cosas no podrían mostrarse como algo; pero esto iría en contra de nuestra experiencia más fundamental de la realidad: encontramos cosas que se nos presentan como algo.
La noción de verdad en Grecia se construye sobre el seguimiento de esta línea. Alétheia quiere decir desocultamiento o revelación. Hace referencia al acto de quitar el velo, de seguir el eidós de la cosa a través de sus múltiples manifestaciones. El hombre forma sus ideas en función de lo que le muestra la realidad y se somete a la perpetua revelación del ser. Así puede hacer justicia a lo que ese algo sea.
Esta noción nos lleva a contemplar la verdad no como algo cerrado, sino como un proceso continuo de desvelamiento. De este modo, la base ontológica de las cosas no puede agotarse, y su proceso de manifestación no puede predecirse por completo. Esta afirmación vuelve a coincidir con nuestra experiencia cotidiana: las cosas avanzan hacia nuevas formas de ser que no podemos anticipar con precisión.
Esta noción encuentra su perfecta encarnación en el cristianismo, especialmente en la noción de Logos: la venida al mundo del Hijo, que comparte el mismo Espíritu de Aquel que ha creado y sigue creando todo lo real. El mensaje de Jesús refleja este mensaje: las cosas encuentran la reconciliación de su tensión entre unidad y multiplicidad en el amor de Dios, que las orienta hacia un bien mayor. La única condición para llevar a cabo este proceso es volver a entrar en contacto con ese Espíritu.
Cuando decimos que el Bien y la Verdad son convertibles, queremos decir que las cosas, tal como están dispuestas en la realidad, poseen un potencial latente que les permite seguir creciendo hacia formas más plenas de ser. Podemos descubrir más verdad en nosotros, y esa verdad redundará en un mayor bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario