¿Cómo podemos decir que no hay sentido? Mira la realidad, está llena de sentido. Hay tanto sentido que nos sentimos desorientados. Cada cosa, cada acontecimiento, cada persona rebosa sentido, es un pozo de significados que no podemos agotar. Que nuestras limitadas proyecciones de sentido no alcancen a contenerlo, no significa que no exista.
Creo que hay que ser bastante miope para afirmar que no hay sentido, hay que empeñarse en no mirar. Lo que pasa es que hay demasiado sentido y nos vemos obligados a priorizar. Toda percepción es un escalonamiento valorativo del sentido que nos llega. Nuestra incapacidad para absorberlo nos lleva a refugiarnos en formas conceptuales para protegernos del torrente. La negación del sentido es el reflejo de una priorización equivocada; significa que hemos estructurado nuestra percepción en un orden que no es el adecuado. El nihilismo es una negativa a acoger más sentido, a dejarse transformar por la verdadera realidad, a comprometerse con lo que nos tiene que mostrar.
La realidad esta ahí fuera esperándonos, ¿a qué esperamos a volverlo a intentar? Reconocer que no sabemos priorizar ni estructurar el significado, es el primer paso para que las cosas nos digan algo.
La oración, en el fondo, es una petición al Espíritu Santo: ayúdanos a entender a qué debemos prestar atención. La semilla que muere y da mucho fruto bien podría aplicarse al hombre se reconoce desbordado y acepta que sea el Espíritu de Dios, la voluntad del Padre, el que ordene sus prioridades. Muchas veces no acertamos a reparar en lo que es realmente valioso, miramos estando ciegos. Orar es pedirle a Jesús que nos muestre y comparta su mirada sobre las cosas, para que sepamos descubrir lo que le hace feliz.
No podemos construir sentido, nuestra tarea consiste en priorizar. La pregunta última es: ¿en base a qué bien priorizamos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario