miércoles, 13 de mayo de 2026

Volver a María

María no es un añadido más en la historia de Cristo. María es el núcleo vívido y cándido de su mensaje. Allí donde ella falta, mengua nuestro calor espiritual. No puede entenderse el mensaje de Dios sin contemplar la sencillez y la ternura de su madre. Las grandes divisiones en el cristianismo, y dentro de nosotros, tienen mucho que ver con la ausencia o la pérdida de nuestra relación con María. 

María es la madre a cuyos brazos te lanzas cuando el miedo te rodea. En su regazo recuperas la seguridad perdida. Bajo su manto, el cariño por nuestro Padre Dios vuelve a cobrar ardor.  

El hombre, aunque que crezca, no deja de necesitar que lo acunen y consuelen. Nos sentiremos desamparados, niños desorientados toda nuestra vida. ¿De verdad pensáis, que Dios nos lanzaría al mundo sin darnos una Madre que cuidará siempre de nosotros? Él nos ha dado a su Madre, la mayor concentración de ternura. Para experimentarla basta con creer como un niño que llora asustado en medio de una noche cerrada, buscando un abrazo que lo calme. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Una aproximación a la unidad del sentido

El hombre recibe una inconmensurable multiplicidad de datos a través de la experiencia. La cantidad es tan elevada que, inevitablemente, se ...