¿Por qué los cristianos no estamos llegando a las personas de nuestro tiempo? Creo que una de las razones se encuentra en la interpretación que hacemos de la Cruz de Cristo. Hemos olvidado la profundidad del mensaje cristiano respecto al papel del sufrimiento en nuestras vidas. Sin recalar conscientemente en ello, hemos comprado el papel que la mirada secular otorga a dicha realidad.
Todas las personas cargan con heridas. No hay nadie ajeno a la latencia del sufrimiento en cada corazón. Ese dolor tiene múltiples efectos en nuestras vidas. Si no lo aceptamos, se vuelve contra nosotros hundiéndonos en la desesperanza. Hoy el dolor personal, porque siempre es personal, se concibe mayoritariamente como algo que debe ser tapado, rechazado, simplemente amputado. Todas sus manifestaciones nos resultan desagradables, nos plantan ante un misterio que supera nuestra capacidad de asentimiento.
El cristiano no puede olvidar la crudeza de la Cruz. Allí vemos reflejado a un Dios que sufre hasta el extremo, que comparte los dolores más radicales que el hombre puede experimentar. Ese signo nos recuerda que el sufrimiento no es algo que debamos evitar, sino una realidad que conviene abrazar con amor. Porque al final el amor acaba resurgiendo, convirtiendo el sufrimiento en vida. La Cruz es la única señal capaz de dar un sentido al sufrimiento humano, en ella el sacrificio se vuelve vida en abundancia.
Como cristianos debemos tenerlo bien presente y practicar la compasión que Cristo nos enseño. Salir al encuentro del sufrimiento de los demás es lo único que puede dar un sentido pleno a nuestra vida, es la vocación última a la que estamos llamados. El dolor que vemos en el mundo es oportunidad para sembrar nueva vida, oscuridad para arrojar luz. Lo que debería distinguirnos de nuestros contemporáneos, lo que verdaderamente movería a la gente a volver hacia su salvador, es en gran parte, nuestra actitud ante el sufrimiento. Cuanto mayor sea el peso que arrojemos sobre nuestros hombros, mayor será la cosecha de esperanza que sembremos.
Este mundo clama por una respuesta al sufrimiento. Busca un motivo por el que sufrir. Tenemos una gran responsabilidad: somos los únicos que verdaderamente lo hemos conocido.
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