El hombre tiene que estar siempre dispuesto a que las cosas le lleven la contraria. No es que tenga que cambiar toda su concepción del mundo, sino que tiene que estar dispuesto a ajustar una y otra vez sus ideas.
La verdad es una actitud intencional de la conciencia que debe mantenerse en el tiempo; no es una cima de conocimiento que pueda coronarse. Solo progresa en ella el hombre que, fiel a lo contemplado, no deja de corregirse y seguir buscando.
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