El pecado consiste en no querer ser más, en conformarse con una versión acabada de nosotros mismos aquí en la tierra. El santo es aquel que está siempre dispuesto a beber de nuevo de la fuente inagotable del amor, a reconocer su insuficiencia y vivir de Dios.
El pecado es siempre conformista. Su único objetivo es tratar de acotar el ser, de no ser fiel a lo real. Pecar es negarse a abrazar un bien que está siempre floreciendo.
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