La reflexión sobre la verdad nunca puede partir solo de una mera selección de abstracciones. Por definición, las categorías que poseemos son limitadas. Primero, porque no tienen la capacidad para sustituir a las cosas. Segundo, porque nuestra mirada sobre el mundo es una, es decir, condicionada y circunscrita a una región del mundo relativamente pequeña. La cantidad de categorías que nuestro pensamiento puede manejar está claramente sujeta a la parcial experiencia que tenemos de la realidad. Además, muchas de ellas las hemos adquirido de fuentes cuya veracidad no hemos puesto a prueba o no podemos cuestionar.
Pero la verdad tiene que ser "vista" desde la propia piel. El que venga con la cantinela de que quiere mostrarnos el contenido de la verdad estará, en el fondo, menospreciando nuestra persona: buscará asumir una posición de superioridad que no se corresponde con la realidad de los sujetos. Todos estamos inmersos en la verdad, y buscarla es una tarea eminentemente colectiva. Las categorías subjetivas que creemos exactas son en el mejor de los casos, un pobre molde que confrontado con la perspectiva de los demás enseguida se deshace.
La verdadera especulación, que nunca podrá dejar de serlo, nace de una auténtica contemplación de las cosas que solo puede fructificar si la acompañamos de un sincero diálogo con las miradas de nuestros semejantes. Una posición absolutista de las categorías humanas hace de candado en nuestro acceso a la realidad y nos priva de la plenitud que solo en ella puede alcanzarse. Seamos muy cautelosos a la hora de enjuiciar y aplicar conceptos a lo que nos rodea, porque una ofensa a la realidad siempre termina volviendo sobre nosotros.
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