lunes, 18 de mayo de 2026

Juan 1, 1-18

En el prólogo de San Juan encontramos diferentes denominaciones para nombrar a Dios. Se nos dice, Dios es verbo, luz, vida, gracia... Nosotros podríamos añadir: Dios es amor. 

Para Juan estas cualidades reflejan la estructura misma del ser. 

Pero, ¿qué tienen en común todas estas realidades que se atribuyen a Dios? 

En primer lugar, que no son realidades estáticas, substancialmente definidas. Dios no es un ente aislado más, separado de su creación. Todas estas características reflejan la naturaleza relacional de Dios. El ser, en su fundamento último, es animación y movimiento amoroso constante. 

Por eso Dios resulta tan poco accesible a nuestro entendimiento común. Usualmente pensamos las cosas en términos de realidades cerradas, estables y de contenido estanco. Pero Dios desafía nuestra manera de pensar, vivir con Él requiere de una renovación constante de la mente. Su conocimiento solo es posible en el hombre que asume la renovación interior sin pausa como forma de vida. Dios pide del hombre que renuncie a sus categorías para conocer la verdad. Una verdad cuya asunción se eleva siempre hacia formas más plenas. 

El verbo exige escucha, la luz atención, la vida gratitud, la gracia generosidad. Por último, el amor exige más amor. Lo real exige más realidad, lo bueno más bondad. Todo en Dios avanza o retrocede, ojalá corramos en pos de Él. 

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