lunes, 18 de mayo de 2026

Inclinaciones intencionales

Vayamos a la raíz de la crisis de sentido que asola nuestra época. 

Todo sistema de pensamiento, cada persona tiene el suyo, tiene una base de principios fundamentales de significado que alimentan el resto de asunciones o pensamientos aceptados en el mismo. El sentido que le encontremos a cualquier pensamiento, idea o creencia proviene de esos centros nucleares de significado, que alimentan todo lo demás. No hay pensamiento que llegue a integrarse en un esquema de sentido personal que no pase por el filtro de ese fundamento, que no encaje con la dirección que nos marca. 

Entonces, ¿cuál es la naturaleza de esos ejes estructurales de sentido? ¿Qué es lo que hace que un pensamiento tenga o no sentido para nosotros? ¿Qué elemento precognitivo determina el sentido de todo pensamiento o contenido concreto posterior? 

Nos encontramos con que la fuente de sentido es de naturaleza praeter-pensamiento. ¿Eso qué quiere decir? Pues que se encuentra antes de que acontenzca ningún tipo de pensamiento. Más aún, determina el sentido que envolverá todo pensamiento posterior. 

Me refiero a las inclinaciones intencionales del sujeto. 

Todo sujeto recibe pensamientos, se encuentra con ellos de manera inevitable. Ante esa evidencia no tenemos libertad, lo propio de los pensamientos es salirnos al encuentro. No obstante, lo que sí está en la mano del sujeto es aceptarlos o no. Mejor dicho, demorarse en ellos o no. 

Todo sujeto desarrolla una inclinación, una tendencia en su trato con los pensamientos que se le presentan. Su libertad radica precisamente en su capacidad para aceptar, ignorar, tapar o enfrentar aquellos contenidos intelectivos que le salen al encuentro. 

La inclinación que con el tiempo desarrolle en su contacto con sus pensamientos será lo que determine el sentido que sea capaz de dar a su existencia. Las crisis de sentido nacen de inclinaciones intencionales torcidas o incorrectas en el trato con los propios pensamientos. 

No nos engañemos: el sentido podemos favorecerlo o no. Todo depende de la actitud que desarrollemos en relación con los pensamientos que tenemos. 

El sentido aparece mediante una inclinación intencional constante hacia pensamientos de bondad y de verdad. El sentido aparece en el hombre que tiende al ser de las cosas con intención recta y sincera. Porque el hombre, en su realidad más profunda, antes que razón es deseo de ser. Lo propio de un deseo bien encauzado es cifrarse en notas de verdad y de bondad. 

Antes de preguntarnos: ¿qué puedo conocer?, conviene preguntarse: ¿qué es lo que deseo? ¿A qué me estoy inclinando? 

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