Todo va sumando para quien ha decidido vivir en gracia de Dios. Cada experiencia, grande o pequeña, va puliendo el impulso de un corazón que solo busca conformarse al amor. Sobre todo las debilidades, los fallos que no podemos evitar, las miserias…ese es el principal material de renovación.
El mismo mecanismo opera en cada persona, de distinta manera, siempre orientado a desarrollar sus mejores potencialidades. No hay persona sobre la que la gracia no busque derramarse. Puede parecer poca cosa lo que nos quiere dar, pero es justamente lo que nos va a hacer feliz. La gracia es la fuerza que necesitamos para ser nosotros mismos.
Basta ofrecer el corazón, dárselo al único que puede transformarlo. Solo así lo podremos hacer plenamente nuestro.
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