miércoles, 10 de junio de 2026

Trazando la senda de la verdad

Es difícil conceptualizar lo que está sucediendo. Hay tanto sentido disperso que no sé cómo organizarlo. Cada indagación pone el límite la senda de sentido y orden que ya había trazado, como si al avanzar se deshiciera lo previamente comprendido. Los nexos comunes se encuentran completamente difuminados. A veces parece inútil intentarlo. 

¿Qué luz me permitirá armonizar tanta confusión? Señor, ¿cómo hacerlo? ¿Es posible hacer algo? Algo me dice que resignarse vivir así no es la solución. Las personas merecen un marco de sentido más estable en el que poder ser felices. Los corazones anhelan salir del anonimato, ser ellos mismos en un horizonte de verdad. 

Cada sujeto tiene su patrón de aprehensión; cada uno discrimina ciertos aspectos de la realidad, como si no existiera una forma adecuada de captar el sentido de las cosas. Esta asunción está tan profundamente arraigada que parece inapelable. El nuestro es un mundo sin mapa. 

¿Cómo decir entonces la verdad? ¿Quién nos creería? Ya no se trata de demostrar, sino de animar a las personas a ponerse en camino hacia ella. Volver a la verdad exige disponerse  y comenzar a caminar. Tú, Señor, nos lo dejaste claro: la verdad es camino y vida. 

La verdad busca hombres en los que nacer, caminantes que no teman avanzar. La verdad es una persona. Aquello que no se hace verdad dentro de uno no puede ser verdad. La verdad es unidad consumada. Quien quiera conocerla ha de estar dispuesto a encarnarla, a llegar a serla. La verdad es responsabilidad con el ser. 


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