domingo, 7 de junio de 2026

Escucha

Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza. 

Escuchar es el requisito ineludible para hallar al Dios único y reconocer su unicidad. La escucha constituye el único camino que puede conducir al amor de Dios. Vivimos en un tiempo en el que la escucha se ha convertido en una práctica abandonada: nadie escucha, nadie siente la necesidad de ello. ¿Qué utilidad puede tener escuchar? 

Escuchar exige silencio, callar, apartarse para que lo otro pueda alzar su voz. La escucha implica renuncia, una cierta sumisión a una manifestación del ser más plena y verdadera. No reafirma al sujeto, sino que delimita con claridad sus propios límites. La escucha exige humildad: la única frecuencia en la que uno puede sintonizar con Dios. 

Decimos que amamos, pero ¿en qué se manifiesta ese amor? En primer lugar, en la escucha; en segundo, en el seguimiento de las inspiraciones recibidas. Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él. ¿Cómo podremos su palabra si antes no la escuchamos con voluntad de hacerla propia, de renunciar a todo el ruido interior que se le opone? 

Escuchar quiere decir: ten la valentía de ir al fondo de las cosas, de buscar la solución a los problemas que te oprimen. En la escucha se revela todo lo necesario para vivir.  Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura. La escucha es una invitación a ir a la raíz, a la fuente primera de la que todo lo demás emana. 

Escuchar es también atender a esa llamada interior que llevas tanto tiempo postergando, a esa brisa suave que te invita a cambiar y transformarte. La escucha es la puerta de entrada al camino de la verdad, de tu verdad aún no plenamente realizada. 

Escuchar es hacer espacio para recibir al Espíritu Santo, emisario de Dios, Paráclito, Espíritu de la verdad que procede del Padre. Cuando venga Aquel, el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa, pues no hablará por sí mismo, sino que hablará de lo que oiga y os anunciará lo que ha de venir. Nadie puede conocer a Dios si no está dispuesto a hacer de la escucha su modo de vida. 

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