Un pan blanco, tan fácil y tan profundo. Allí quieto, esperando en silencio a que el hombre baje a su misma altura. Cuesta mantener la mirada: su anonadamiento me recuerda el falso pedestal en el que me encuentro. Él hace el esfuerzo, ¿no estoy yo dispuesto a seguir sus pasos? Su sencillez desarma a cualquiera: el amor verdadero permanece siempre fiel en el silencio.
En su presencia se deshacen las excusas; las palabras ya no son capaces de penetrar su significado.
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