María es madre de la Iglesia. No hay iglesia sin Maria. Ella es el modelo acabado de nuestra fe. Todo lo que hacemos por Cristo es seguirla. Jesús no quiere otra cosa para nosotros que no sea acoger a su madre en nuestra casa. Cuando ella no está, falta algo en nuestro corazón. Sin su luz hay muchas situaciones que permanecen a oscuras, carentes de un consuelo que no dejan de pedir. María es la acompañante que Dios quiere para nuestras almas.
María nos dirá que le gustaba y todavía le gusta a Jesús, nos mostrará sus deseos, nos hablará de sus singularidades, nos irá contando todo lo que le preocupa. Nadie lo conoció mejor, ella estuvo a su lado siempre, mirándole con amor y admiración. Todo lo que vio lo guardo en su corazón, haciendo de él un refugio de su memoria. María nos lleva de la mano a ver a su hijo. Su desbordante cuidado es algo que no merecemos, lo mínimo que podemos hacer es dejarnos mimar.
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